
Los dólares digitales ganan terreno en la economía diaria al crecer 53% en un año
Redacción
El uso de dólares digitales registró un crecimiento del 53% en los últimos 12 meses, según un informe de la consultora Brand Partners y comienza a consolidarse como una herramienta cotidiana dentro de la economía, por lo que las "stablecoins", vinculadas al valor del dólar, dejaron de ser un recurso de nicho para incorporarse en operaciones diarias de personas y empresas.
El fenómeno ya trasciende el ecosistema cripto. Freelancers, pymes y comercios adoptan estos activos para cobrar, pagar servicios o enviar dinero al exterior, impulsados por menores costos operativos y transferencias prácticamente inmediatas frente a los canales bancarios tradicionales.
El avance responde a la posibilidad de dolarizarse sin necesidad de abrir cuentas en el extranjero ni operar en mercados financieros complejos. Las stablecoins permiten resguardar valor con disponibilidad inmediata, lo que las convierte en una alternativa frente a la volatilidad cambiaria y las restricciones del sistema tradicional.
En paralelo, estos activos funcionan como puente dentro del sistema financiero digital, debido a que facilitan desde inversiones en productos descentralizados hasta operaciones de trading, pero también cumplen un rol más básico como instrumento de liquidez en dólares dentro de aplicaciones y billeteras digitales.
El crecimiento también se explica por su adopción en el trabajo remoto. Cada vez más profesionales que prestan servicios al exterior eligen cobrar en dólares digitales para evitar demoras y comisiones elevadas. El mismo esquema es utilizado por pequeñas y medianas empresas para pagar proveedores internacionales de manera más eficiente.
En comparación con las transferencias tradicionales, que pueden demorar varios días y tener costos elevados, las operaciones con stablecoins suelen ejecutarse en minutos y con comisiones significativamente más bajas. Esta diferencia operativa acelera su adopción en entornos donde la velocidad y el costo son variables críticas.
A nivel local, el uso comienza a extenderse a consumos cotidianos. Algunas plataformas ya permiten pagar servicios, suscripciones digitales y realizar compras en comercios mediante sistemas que convierten automáticamente los dólares digitales a pesos al momento de la transacción.
Sin embargo, el crecimiento también plantea desafíos. La necesidad de marcos regulatorios claros, mayor transparencia sobre las reservas que respaldan estos activos y mecanismos de protección al usuario serán factores determinantes para su consolidación. Aun así, la tendencia es sostenida: los dólares digitales avanzan hacia un rol estructural en la gestión financiera diaria.
¿Qué es una stablecoin?
Las stablecoins son criptomonedas diseñadas para mantener un valor estable, a diferencia de activos como el bitcoin, cuya cotización puede variar de forma abrupta. Su objetivo es reducir la volatilidad del mercado cripto al estar vinculadas a un activo de referencia, generalmente monedas fiduciarias como el dólar, aunque también pueden apoyarse en otros mecanismos financieros o algorítmicos.
El funcionamiento de estas monedas digitales depende del tipo de respaldo que utilizan. En muchos casos, cada unidad está asociada a reservas reales equivalentes, como dólares o instrumentos financieros líquidos, lo que permite sostener su paridad. En otros modelos, la estabilidad se logra mediante algoritmos que regulan la oferta y la demanda para mantener el precio.
Dentro del ecosistema cripto, las stablecoins cumplen un rol central al combinar la estabilidad de las monedas tradicionales con la velocidad y eficiencia de la tecnología blockchain. Inicialmente se utilizaron como puente para comprar otras criptomonedas en plataformas de trading, pero con el tiempo ampliaron su uso hacia pagos, transferencias internacionales y servicios financieros digitales.
Su crecimiento también atrajo la atención de los reguladores, que analizan su impacto en el sistema financiero global. A medida que su adopción se expande, surgen debates sobre la necesidad de establecer normas claras que garanticen transparencia, protección para los usuarios y estabilidad en un mercado que evoluciona con rapidez.



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