La fruta tropical que protege el hígado graso, según un estudio

El lichi contiene antioxidantes que fueron asociados con beneficios para la salud hepática en investigaciones recientes. Qué dicen los estudios y por qué no reemplaza los tratamientos médicos.
General05/08/2026RedacciónRedacción
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El hígado graso es una de las enfermedades metabólicas que más creció en los últimos años y está estrechamente vinculada con el sobrepeso, la obesidad y la diabetes. En ese contexto, distintas investigaciones analizan el papel que pueden tener algunos alimentos para proteger la salud de este órgano vital.

Uno de ellos es el lichi, una fruta tropical cada vez más fácil de encontrar en supermercados y dietéticas de Argentina, especialmente durante la temporada de verano.

Diversos estudios señalan que sus compuestos antioxidantes podrían contribuir a reducir el daño oxidativo y favorecer la salud hepática, aunque los especialistas aclaran que no reemplaza los tratamientos médicos ni una alimentación saludable.

Qué tiene el lichi que interesa a la ciencia

Originario del sur de China, el lichi se destaca por su contenido de vitamina C, antioxidantes y compuestos vegetales bioactivos.

De acuerdo con la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), es una buena fuente de vitamina C, un nutriente clave para el funcionamiento del sistema inmunológico.

Además, investigaciones publicadas en revistas científicas como Food Chemistry y Food Research International analizaron sus propiedades antioxidantes y su posible impacto sobre la salud cardiovascular e intestinal.

El posible beneficio para el hígado graso

AUno de los trabajos citados fue publicado en la revista Nutrients, donde investigadores observaron que algunos compuestos presentes en el lichi podrían contribuir a aliviar la esteatosis hepática no alcohólica, conocida popularmente como hígado graso.

Según el estudio, sustancias como la epicatequina y la procianidina ayudarían a proteger las células hepáticas frente al daño oxidativo y también podrían favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal.

Los investigadores analizaron estos efectos como parte de un conjunto de hábitos saludables, por lo que remarcan que el consumo de esta fruta no constituye un tratamiento por sí solo.

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