

El síndrome de intestino irritable (SII) es uno de los trastornos digestivos más frecuentes y representa un desafío tanto para pacientes como para especialistas.
Esta afección puede generar síntomas como dolor abdominal, distensión, sensación de hinchazón y cambios en el funcionamiento intestinal, que pueden presentarse como diarrea, estreñimiento o períodos alternados entre ambas situaciones.
Síndrome de intestino irritable: un desafío frecuente
Aunque no existe un tratamiento único capaz de eliminar por completo el problema, en los últimos años distintas investigaciones comenzaron a evaluar el papel de las terapias complementarias.
Entre ellas, el yoga ganó protagonismo por su capacidad para actuar sobre dos aspectos clave del síndrome: el funcionamiento digestivo y el bienestar emocional.
Una revisión sistemática publicada en la revista Comprehensive Physiology analizó diferentes estudios científicos sobre el impacto del yoga en personas con SII.
Los resultados indicaron que la práctica frecuente puede contribuir a reducir la intensidad de los síntomas digestivos y, al mismo tiempo, disminuir factores asociados como la ansiedad y la depresión, condiciones que suelen influir en la evolución del trastorno.
La conexión entre el estrés y el sistema digestivo
Uno de los principales motivos por los que el yoga puede generar beneficios está relacionado con el llamado eje intestino-cerebro. Se trata de una comunicación constante entre el sistema nervioso y el aparato digestivo, donde factores emocionales como el estrés pueden modificar la percepción del dolor y empeorar algunas molestias intestinales.
El yoga combina tres elementos fundamentales: movimiento corporal, ejercicios de respiración y concentración plena. Esta combinación favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, asociado a los procesos de descanso y digestión, ayudando al organismo a alcanzar un estado de mayor relajación.
Además, algunas posturas específicas pueden generar efectos sobre la zona abdominal. Las torsiones de columna, por ejemplo, producen una presión moderada sobre el área digestiva, mientras que determinados ejercicios de respiración profunda involucran al diafragma y pueden favorecer los movimientos naturales del abdomen.
Sin embargo, los especialistas remarcan que todavía no existe una rutina única de yoga establecida para todas las personas con síndrome de intestino irritable. Los estudios analizados incluyeron distintas modalidades, como Hatha, Iyengar y Ashtanga, con programas que se extendieron entre seis y doce semanas.
Uno de los puntos más importantes observados por los investigadores fue la constancia. Mantener una práctica regular resulta fundamental para sostener los beneficios y evitar que las mejoras obtenidas sean temporales.
De esta manera, el yoga aparece como una alternativa complementaria que puede ayudar a quienes padecen síndrome de intestino irritable a controlar mejor sus síntomas.
Si bien todavía se necesitan más investigaciones para determinar la frecuencia ideal y las prácticas más efectivas, la evidencia disponible indica que se trata de una actividad segura que puede aportar mejoras tanto físicas como emocionales.


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